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porque amores que matan nunca mueren..

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Hoy terminaste de llevarte los reductos de tres años y medio. Todo lo físico que había de ti en esta casa ha desaparecido. No sé como me siento. Quiero decirte tantas cosas, pero no sé bien cuáles. Puedo decirte que nadie habla portugués como tú, que me encantó haber perseguido tu imagen en cada una de las ventanas de la facultad, que todo lo que somos, lo seguiremos siendo, que no importa lo que pase en lo individual en la vida de los dos, tú y yo seguiremos eternamente siendo nosotros. No hay daño, sólo agradecimiento y esperanza, ganas de que al final del día (sea cual sea ese día) lo encuentres... te encuentres. Me encanta que todo esto se haya cerrado con esa frase tan cierta que entre los dos construimos: "el Día de muertos es la carcajada con el compadre, mientras que el Halloween es la risa nerviosa de quien no se atreve a burlarse del todo."

Rasguñando ventanas

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A veces pienso que sentir esto por ti es tan productivo como levantarse a las dos de la mañana a rasguñar una ventana. Eres el ruido que molesta a todos menos a quien lo produce.

Réplica (como las del '85)

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Es que eso soy yo, caray... El manojo irredento de congojas. El azote del látigo que no castiga. La ventana que se cierra a la posibilidad pero se abre a la duda. La broma de la que nadie se ríe. Eso soy yo, el atormentador de sí mismo que se congratula de la existencia de un segundo piso, por abrir éste la posibilidad de otro suicidio pasional con escenario urbano. Me arrepiento de mis palabras tanto como de mis silencios, y sin embargo nunca he borrado una sola, ni roto cualquiera de ellos. ¿Por qué tendría que medir mis palabras por el simple hecho de que alguien decidió instalarse en mi vida, otro entrar sin permiso y uno más no permitirme entrar en la suya? Si el blog se me volviera otro espacio de autocensura, estaría perdida. Si ya no me quieres por lo que escribo o por lo que callo cuando me llamas, vuélvete recuerdo; si sigues queriendo desvelarme, y mostrarme el mundo, sabes que todo este berrinche son mis ganas de encantarte. Si me odias por lo que lees aquí y sabes que no e...

yo soy la que soy

Tal vez esperabas una femme fatal al otro lado de la línea... pero yo soy la que soy y no me disfrazo de halloween ni por el más genial de los amantes, ni mucho menos por un geniecillo de lámpara. (Iba a poner una foto bien padre y sexosa, pero blogger no quiso, y de todas formas, con la frase basta.)

El infierno bajo la piel

Y no nada más es mi alma que se consume entre culpas y remordimientos... no. Llevo dos días sintiendo el auténtico infierno bajo la piel, con una disfunción neurocardiogénica que me hace vivir en la cuerda floja entre el desmayo y la estabilidad física. Se ha sumado una infección gastrointestinal (¿ah, verdad?, pero te sentías inmortal comiendo lo que te venía en gana para demostrar que no ibas a subir de peso, nunca te imaginaste que tus verduritas te iban a dar en la madre), dicha infección baja mi presión y todos saben lo que me ocurre cuando eso sucede: me mareo, vomito, tiemblo, siento una ansiedad inconmensurable, me pongo color marciano estereotipado y me cambia del humor de una forma que qué bárbaro... Tengo un problema mayor, ahora que he regresado a clases (después de una incapacidad de 24 horas en toda la extensión de la palabra incapacidad: no era yo capaz ni de mantener los ojso abiertos): si veo comida me da asco, si no como me desmayo, si me desmayo traumatizo a las alum...

Con la frente marchita

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Sentados en corro merendábamos, besos y porros y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa. Te morías por volver con la frente marchita cantaba Gardel y entre citas de Borges Evita bailaba con Freud, ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy. Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte carricoches de miga de pan, soldaditos de plata. Con aguita de un mar andaluz quise yo enamorarte pero tú no tenías más amor que el de río de la plata. Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta cuando el sol fue secando la ropa de la vieja Europa. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucediómándame una postal de San Telmo, adiós cuídate y sonó entre tú y yo el silbato del tren. Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte monigotes de miga de pan, caballitos de lata. Con aguita de un mar andaluz quise yo enamorartepero tú no tenías más amor que el de río de la plata. Aquellas banderas de la patria de la primavera a decirme que existe el olvido esta noche han v...

A ti

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Definitivamente, nunca lo hago por desamor, pero la de hoy, sin duda te la dediqué a ti y a la distancia...