La semana pasada tuvimos un tallerista que nos dio un cursito de creación literaria a las niñas de primero y a mí, nos puso ejercicios divertiditos que algunas disfrutaron mucho y otras padecieron... Obviamente hubo de todo en el taller. Lo mejor fue esa niña con las muñecas llenas de pulseras, cubriendo las heridas de un intento fallido por dejar de ser. Ella se enamoró de Alan, el tallerista y se enojó muchísimo conmigo cuando anuncié que el taller se había terminado y que la clase de español seguiría como hasta antes de Alan, cómo sufrió ella... En fin, durante el taller yo hice los mismos ejercicios que mis niñas, éste me gustó mucho cómo quedó. El somorgujarse en un o mismo es una actividad fascinante. porque la hermenéutica del asunto lo exige. Si el tango es sufrido se baila mejor la vida, entonces un anticuario limpia los sentimientos viejos: desde las libélulas de la infancia en la costa, hasta la tromba de recuerdos que está por caer. Entre una jarcha aljamiada y una mwashaha...