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Tengo un hijo al cual dar un ejemplo

En unos días me encontraré en una de esas circunstancias que lo llevan a uno al centro de atención de la mirada pública (tampoco taaaaan pública, pero algo noticioso será). El punto es que me encuentro en conflicto con respecto a la necesidad, o más bien el imperativo ético de hacer notar un cierto malestar del gremio acerca de un problema nacional -que aunque es una forma de violencia, no es el desgarramiento sanguinario del que hablamos todos los días los que vivimos en esta geografía específica. La broma de lo que hay que hacer ha ido y venido en las bocas de quienes asistiremos al evento, sin embargo, el asunto me ha generado un nuevo malestar pues confronta, confronta al decir con el hacer, al sentir con el arriesgar. Tengo un hijo al cual dar un ejemplo y me perturba cuál será ¿el de calla y obedece o el de lucha desde tu trinchera, aún cuando tu lucha sea el mero levantamiento de voz y la molestia del dedo salitroso en la llaga?

Segunda temporada: sueño de una noche de...

Renovarse o morir, frase trillada, frase fácil, frase irremediablemente cierta. No soy la que era, y seguiré siendo la que fui. Una madre en casa necesita hablar del mundo. Cuando me embaracé me sentenciaron: "ahora todo va a ser tu bebé, no vas a querer hablar de otra cosa", y en aras de decir "yo no soy cualquier pinche madre" me negué a siquiera mencionarlo, hoy, a casi seis meses de LD voy comprendiendo la ecuación de la aurea mediocritas , evitar hablar de él por lo que piensen mis amigas "intelectuales feminazis" es igual de idiota que creer que la maternidad te cambia para siempre como si no existieran cambios en el ser a todo momento y a merced de cualquier experiencia. No voy a ser una Tatiana de la Investigación, pero no voy a negar que LD ha sido uno de mis grandes aciertos en la vida, LD se integra a mi vida de forma orgánica y me ayuda a seguir dando de qué hablar. De regreso estoy, ¡albricias!
Hace mucho que dejé de querer a la gente... a veces me dan ganas de volver a querer, pero luego luego se me quitan

Misión 7: sostenerse en pie

No cantar victoria nunca, sostenerse en pie es todo un reto, a pesar de los días, a pesar de los buenos momentos, los frentes fríos siempre regresan y pareciera que con mucho más hielo para el sentir que antes. Cantar victoria es anunciar la derrota. Sostenerse en pie, titubeando, temblando, con frío, pero en pie, es la meta de cada sol; ya cuando desaparece desplomarse en la cama, sintiendo que valió, que aún se respira y que con eso, sostenerse en pie será posible en el nuevo sol.

Misión 6: Una vida hervida

Dejar de amar Dejar de fumar Dejar de llorar y ahora... dejar de comer... o al menos hervirme la vida, como Malena, la de Almudena Grandes. La sal a recuperar que supone el reto va en otras cantidades y en otras metaforicidades... sí, metaforicidades (por oposición a materialidades... tsssss, elegante como el pegante). La vida me tiene que saber a algo ahora que la alimentación será sólo eso: alimentación. He encontrado en estos días la sal en las frases que colecciono de lo que la gente suele regalarme cuando me pone cara de rodilla y me toca la espaldita. Frase 1: "Piensa en las estadísticas, era obvio que te iba a pasar, además te estabas adelantando a lo que se espera de las mujeres de tu edad de clase media en países en vías de desarrollo" (Aaaah órale) Frase 2: "No manches, si acá la que perdió 7 años de su vida fuiste tú, ¿con qué cara se atreve a dejarte en estas condiciones?" (gracias por lo de la pérdida... yo que los veía como inversión, ¿y en qué condici...

Misión 5: Andar y ser una dama

Cuando me leo, me caigo bien... Cuando las tepocatas se arrastran hay que pensar que para algo nos dio pies la vida: para andar... seguir aandando y aprender, estar en el camino sin importar las bifurcaciones y el pánico de la decisión inminente. Andar, para eso tenemos pies, para, como una dama, seguir andando, sin pisar alimañas rastreras que se enroscan y regodean en su propia falta de dignidad, andar y sin tropezar con ellas. Andar y ser una dama, no una damicela que necesita ser cuidada y reinventarse cada día en el espejo de esos los otros ojos, pero una dama que no se traiciona, una a quien no vence ni el dolor ni el coraje. Andar, porque para eso nos ha dado la vida pies. Y bueno, ni cómo olvidar la entrevista en que la Dra. E.F. declaró que ser alumna de un genio (J.P.) supone una gran responsabilidad. En esa lògica, siendo alumna de quien soy: ser alumna de una dama (J.G.) requiere de una gran responsabilidad en el mismo sentido.

Misión 4: Vencer al pánico

Momento de crisis. Crisis/ oportunidad. Las opciones, a decir de Cantona, son simpre más de las que imaginamos, mis opciones son todas borrosas, menos la línea roja que indica que algo hay verdadero en mi vida ahora. ¿Sola? ¿Acompañada? ¿Decidiendo creer? ¿Decidiendo cerrar la puerta a posibles verdades? ¿Eso cómo se determina? ¿Cómo vencer al pánico que oprime los pulmones? ¿Cómo respirar ya no sólo por mí? ¿Cómo hacerlo desde el borde de la realidad, en la que los límites entre el querer y el odiar se han hecho permeables, cuando la mentira y la verdad se han vuelto una misma cosa, una bifurcación que al final se une y lleva a la misma vereda una y otra y otra y mil veces? Vencer al pánico, teniendo sólo pánico como arma, resignificarlo, transustanciarlo, convertirlo en algo más que pánico, ahora que yo me convierto en algo más que en mí misma. Abrácenme por favor, tengo la impresión de que es el calor de quien me mira y me lee lo que va a servir al pánico y a mí para transmutarnos.