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Elijo

 Elijo permanecer un rato más en la cama... estoy eligiendo hacerla esperar (pero no soy capaz de verlo). Elijo hablar sobre mí cuando se trata de su escena... estoy eligiendo hacerla invisible (pero es que yo dejé de verla hace tiempo). Elijo quedarme un poco más en este espacio... estoy eligiendo hacerla esperar en la noche, frente a las luces que la lastiman (pero yo habito mi propia oscuridad, así que no existe para mí ninguna otra imagen que sea capaz de imaginar siquiera). Elijo posponer la decisión que hemos de tomar en conjunto hasta tener claridad en todos los otros aspectos de mi vida... estoy eligiendo que ella suspenda su vida hasta que yo tenga ordenada la mía (pero supongo que ella también se elegirá a sí misma por encima del nosotros, así que creo que no hay problema).  Al final diré que siempre la elegí a ella, porque no fui capaz de verla entonces y no seré capaz de ver jamás lo que mis elecciones implicaron para ella.

En un miércoles

Recorrí valles polifónicos, desiertos misándricos, caminos crisálidos, cascadas barbáricas, acantilados fársicos, cordilleras bufónicas, cuevas histéricas, arrozales eróticos.

Puerta

 No son las mismas manos. Nunca son los mismos ojos. No creo ni siquiera que mi voz suene igual.  El 4 de diciembre de 2017 entró a mi casa, después de que le abrí la puerta, cuando yo llevaba un año de tener un hijo sano, después de seis de tener un retoño siempre a punto de marchitarse. Entró a mi casa cuando yo todavía lidiaba con mi propia enfermedad. Entró a mi casa cuando yo todavía estaba tratando de descifrar cómo poder transformar la vida para acompañar a mi madre en su enfermedad.  Él entró, decidió sobre mi cuerpo, sobre mi paz, sobre mis sueños, me hizo odiar mi cama, el techo de mi cuarto, de esta casa que es mía, que no tengo pensado abandonar, de esta casa que yo construí con mis manos y mi corazón enfermos pero determinados a vivir. No tuve tiempo de llorar, de hacer duelo. No tuve tiempo de lamer las heridas, no tuve tiempo de sentir otra cosa que no fuera asco. Diciembre de 2017 fue el mes en el que me bañé más de tres veces al día, porque no conseguía b...

Hoy soy

Otra vez aquí... Hoy soy la mujer que cría mariposas como una forma de amar al mundo. Hoy soy la madre de un hombre porque creo que hay esperanza. Hoy soy la educadora popular, porque sin posibles me es imposible respirar. Hoy soy la amiga que está dispuesta a decir "te quiero" aunque ya se sepa. Hoy soy la investigadora que no se aleja del aula porque cree en la praxis. Hoy soy la que hace unos años no podía vivir sin deshacerse de todo alimento que se llevaba a la boca y que lucha todos los días por mantenerse en pie a pesar de la enfermedad y a pesar de las miradas. Hoy soy quien está convencida de que entre la caña se esconde la vida, una muy dolorosa y casi invisible, pero que es necesario ir a buscar. Hoy soy quien va a derrumbarlo todo para construirlo otra vez piedra por piedra. Hoy soy la que lanza esta botella al Mar (sin maresía)... a ver qué eco encuentra.
Morir por no sentir la muerte

Terremoto empieza con T (de terapia)

Por dos semanas, me he repetido que no, que no odio al terremoto porque es absurdo y porque lo que mata es la corrupción. Lo cierto es que la única certeza que nos quedó es la incertidumbre, pues no es cierto que sí un edificio resistió el 85 va a resistir otro terremoto, tampoco es cierto que después del 85 los edificios se construyeron mejor, ni puede una confiar en que después del primer sobresalto por la alerta tiene 40 segundos para salvar la vida... No sabemos, no sabemos si hay que bajar la escalera o sí hay que permanecer en el muro y la trabe y el triángulo ni nada, porque a veces la debilidad o la fractura no son visibles. Y de repente me di cuenta de que mi propia debilidad y mi propia fractura no era visible tampoco y sí estoy enojada y lo que más me enoja es que el temblor me vaya a mandar a terapia otra vez, el lugar que más odio en el mundo, ese lugar en donde soy la peor Ágata que conozco.

Hace un año

No había tenido ganas de verte, pero tampoco de olvidarte. Tienes razón fue hace un año que decidimos no vernos y guardar silencio. Hoy me recordaste que hace un año tenía ganas de vivir, tuve ganas de llamarte una madrugada y lo hice, escondida de mi misma en el baño de mi casa; otro día quise llorar contigo tirada en el sofá y también lo hice... Desee salir corriendo de la ciudad, de mi familia, de aquél y de mí misma para encontrarte en la puesta de un convento, pero eso no lo hice; seguí escribiendo sobre monjas que jamás salieron de su claustro, como aquél en el que estabas tú cuando llegamos cada uno a las sombras del otro. He sabido de ti sólo por las fases en tu muro... Qué horrenda situación, después de que fuiste el cosquilleo en el cuello, de saber que lo que hacía no tenía sentido, pero se sentía bien. Qué difícil ver hacia atrás y respirar el incierto "pudo haber sido", para después devolver la mirada al "esto es lo que hay" y sentir la imperios...