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Un café

Hace un siglo que no me paro por aquí y es que no sé si ya me rendí, si mi vida es poco interesante, si el trabajo me absorbe o si ahora ya sólo siento la necesidad de contarme mis chistes a mí misma.. Tengo muchas ganas de esos días en los que me la pasaba en los cafés, cuando todo era pretexto para estar fuera de mi casa, sola o acompañada por mis amigos, mi novio o mi perra, pero parece que esos días están lejanos, lejanos, lejanos... no me da tiempo ni de darme gustos dentro de mi casa; salir es toda una hazaña. Más vale que al final de esto (si es que un día encuentra un final) algo bueno salga, algo muy bueno... pero ya no sé qué. No soy tan mezquina como para dedicarme a ser vaca sagrada, no soy tan brillante (como la brillantina) para ser celebridad, no soy tan abnegada como para renunciar a lo que me gusta en aras de obtener lo que me viste (intelectualmente)... de repente ya no sé. Pero no es un no saber desgarrado, es una incertidumbre agusto: no hay horas de las sombras con...

Seguir mi consejo

Hay días, como hoy, en los que uno prefiere que siga lloviendo, aunque odie la lluvia, nada más para tener el pretexto de estar encerrada y sola fumándose todos los cigarros y todo el mal humor que provoca el contacto con la gente. Chale, como que se me metió un físico ¿por qué estoy tan amargues? ahora sí me metí en el papel de emolectual.

Azotes de Dios para castigar a los hombres

Los azotes son para los santos, lo mío lo mío es la gozadera... o algo parecido. Bueeeno, si de por sí andaba yo de malitas con el editor que más cerca tengo, el viernes fue como para llamar al abogado y pedir el divorcio... uufff qué bueno, ¡¡¡nunca nos casamos!!!... pero es que de verdad a los 30 uno ya no está en edad de andarse azotando hasta las 5 de la mañana de un sábado; eso está bien para los emos o para los santos mártires, pero bendito Dios, yo no soy ni lo uno ni lo otro, ni pretendo unirme a ningún club que se relacione con cualquiera de las dos sectas. Los católicos dicen que siempre han existido personas que se consideran "azotes de Dios para castigar a los hombres"; el viernes convergieron azotes y azotados en la misma meterialidad, porque mientras ellos mismos se autoflagelaban, constituían, a la vez, mi tormento. Banda, por favor no lo intenten en casa, y si lo hacen, porfa que sea con quien más confianza le tengan, no con los que ni los conocen, ni los quie...

Se nota que me gusta mi seminario

Ya he escrito super poquito y es porque creo que se nota que me gusta mi seminario, me la paso leyendo cosas de éste y escribiendo cosas para el mismo; hasta ya se me ocurrió una tesis para el doctorado que me emociona mucho... pero ya viene el fiestón y como va a estar bien interestatal se va a poner bueno lo que de ahí salga con eso del choque cultural. O tal vez no. Hoy estoy de malas, tuve un encuentro cercano del tercer tipo si tomamos como base esa tarugada de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Hay días en que nomás no... mientras esos días no se conviertan en la norma, todo bien.

Día promedio

Entonces que agarra y me dice "que sea el mejor día de su vida señorita" y ya no le dije nada, pero me quedé pensando, no la chingue don, si hoy fuera el mejor día de mi vida ¿ya para qué viviría después?, no, mejor que no sea, no quiero perder las ganitas de levantarme mañana que es mi día libre; además que jodido estaría que en el mejor día de mi vida tuviera que compartir el mundo con gente tan nefasta como la que he visto hoy, y segurito que ni al cine voy a ir, entonces mejor no, que no sea el mejor día de mi vida. Que sea sólo un día promedio.

CAMPEONES

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¿Que cómo le entregué mi vida al futbol?

Cuando era una introvertida y brillante niñita prefería jugar con mis Barbies antes que voltear a ver la tele en verde los fines de semana; mucho menos menos me imaginaba salir al pastito a mancharme mis rodillitas de verde y a dejarme dedos de sudor y mugre en la cara tras unos minutos de perseguir un balón. Eso no era lo mío, tampoco lo de mi hermana. Mi papá, uno de esos señores de antaño que reconocía y a la fecha no olvida el valor histórico del Necaxa, parecía sintonizar los partidos en el televisor únicamente para arrullarse en esos fines de semana idénticos uno al otro, en donde dormir es más un impertivo que un placer, tras las mortíferas cinco jornadas de trabajo que ponen la comida sobre una mesa de clase media en este país. Mi progenitor jamás conseguía ver un partido completo, quizá por el cansancio, quizá por el juego nunca tan brillante del Necaxa, institución que a pesar de gozar de gloria y fama en la década de mi infancia, siempre arrastró la pesada sombra de las crít...