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Terremoto empieza con T (de terapia)

Por dos semanas, me he repetido que no, que no odio al terremoto porque es absurdo y porque lo que mata es la corrupción. Lo cierto es que la única certeza que nos quedó es la incertidumbre, pues no es cierto que sí un edificio resistió el 85 va a resistir otro terremoto, tampoco es cierto que después del 85 los edificios se construyeron mejor, ni puede una confiar en que después del primer sobresalto por la alerta tiene 40 segundos para salvar la vida... No sabemos, no sabemos si hay que bajar la escalera o sí hay que permanecer en el muro y la trabe y el triángulo ni nada, porque a veces la debilidad o la fractura no son visibles.
Y de repente me di cuenta de que mi propia debilidad y mi propia fractura no era visible tampoco y sí estoy enojada y lo que más me enoja es que el temblor me vaya a mandar a terapia otra vez, el lugar que más odio en el mundo, ese lugar en donde soy la peor Ágata que conozco.

Hace un año

No había tenido ganas de verte, pero tampoco de olvidarte. Tienes razón fue hace un año que decidimos no vernos y guardar silencio. Hoy me recordaste que hace un año tenía ganas de vivir, tuve ganas de llamarte una madrugada y lo hice, escondida de mi misma en el baño de mi casa; otro día quise llorar contigo tirada en el sofá y también lo hice... Desee salir corriendo de la ciudad, de mi familia, de aquél y de mí misma para encontrarte en la puesta de un convento, pero eso no lo hice; seguí escribiendo sobre monjas que jamás salieron de su claustro, como aquél en el que estabas tú cuando llegamos cada uno a las sombras del otro.
He sabido de ti sólo por las fases en tu muro... Qué horrenda situación, después de que fuiste el cosquilleo en el cuello, de saber que lo que hacía no tenía sentido, pero se sentía bien.
Qué difícil ver hacia atrás y respirar el incierto "pudo haber sido", para después devolver la mirada al "esto es lo que hay" y sentir la imperiosa nec…

¿Qué pasa si...?

¿Qué pasa si un día entro a mi blog y me doy cuenta de que los vacíos más grandes se corresponden a una época de la vida en donde llamé amor al dolor... interesante en qué momentos y con qué objetivos decidimos guardar silencio.

¿Qué pasa si hoy retomo la terapia que es aventar botellas al mar?... quizá algún día, vuelvan a parecer voces lindas, como las que recogí aquí hace 10 años o más y que a pesar de los pasos andados hacia diferentes destinos siguen siendo de mis quereres más profundos.

Hoy, por ejemplo, descubrí que me gusta la tormenta cuando estoy sola o cuando me siento feliz. Hace un año viví hermosas tormentas en mi lugar feliz, hoy mi lugar feliz es la tormenta.

¿Qué pasa si de repente me doy cuenta de que estoy dejando ir? creo que mis miedos por fin se están convirtiendo en estampas que cuelgo y encierro en una partecita de mí. No se van, pero ya no me atormentan.

Un estuche de monerías

Hace como 20 años en conocido pueblo productor de textiles cuyo nombre nunca he podido escribir, mis padres escogían unos lindos pants para sus retoños, uno en color rojo rubí para la más pequeña y otro en color verde mercado −que para la época era lo más de onda− para la niña a quien mi mamá, por alguna extraña razón y por única ocasión llamó “la güera”. Extrañada, pregunté quien era la blonda persona a quien se refería
-¿Pues quién va a ser?... pues tú
-Yo no soy güera
-Ya sé
Llevo 10 años con el pelo teñido de un tono que me gusta llamar “negro mujer interesante”, para que a nadie le quede ni la remota posibilidad de volverme a llamar “güera” fuera del contexto del tianguis.
La psicóloga de la escuela me explicaba que muchas de las obsesiones que desarrollamos a lo largo de nuestra vida, tienen que ver con las cosas que nos dijeron de chiquitos y con procesos que al crecer no terminamos de cerrar bien, de modo que nos quedamos con las ideas que nos decían, por ejemplo, los papás,…

Gente mala

Hay gente mala y tú, hay gente que no entiende cómo funciona el mundo y se empeña en destruirlo por la frustración que le causa el no poseerlo, el no tener ni la más puñetera idea de cómo llegar a conocer una verdad, por pequeñita que sea, una verdad que le pertenezca y de la que no pueda dudar.

Quebrada

Engañarse, hacerse creer una realidad deseada. Llega la noche, con la noche el frío y el miedo, esto va a ser difícil y sin embargo es ineludible. ¿Cómo es que anoche hubo tanto fuego, tanto fuego, tanto fuego, y hoy esto es un desierto a media noche del invierno? ¿Cómo es que anoche estuve convencida de que andaba, de que estaba completamente en movimiento? Hoy soy una estatua, anclada en el dolor, en el miedo, en la duda.
¿Es un dolor absurdo pensar que en cada marea se diluye la esperanza del futuro? ¿Es un miedo infundado creer que se va deslavando con cada ola la imagen que de mí proyecté hacia el futuro? El mañana es absolutamente opaco para todos, yo no puedo saber qué hay hacia adelante, ni siquiera lo que está a la vuelta de la noche; y sin embargo, me aterra que lo que haya no sea más que la nada.
No tuve este miedo antes, nada detuvo los pasos que quise empezar a dar. Hoy apareció ese miedo y yo quiero creer que es el miedo lo que carece de sustancia y no el futuro... pero …
No estoy entendiendo nada, y por eso es imperativo recuperar este espacio, recuperarme a mí.